jueves, 21 de junio de 2012

orgullo

orgullo
El gran defecto que explica buena parte de las desgracias de España es el orgullo.
El demostrar a toda costa que ellos tienen razón, siempre, y que el resto, el mundo, está equivocada.
España participa en una guerra en Irak, con los Estados Unidos y el Reino Unido, para eliminar unas armas de destrucción masiva que luego no existen.
¿Qué hacen los Estados Unidos y el Reino Unido?
Pedir perdón a sus administrados.
¿Ustedes han visto que alguien del gobierno del PP haya insinuado siquiera que tal vez los sorprendieron en su buena fe? No.
Luego tenemos el terrible atentado del 11-M, que fue una consecuencia directa de aquella guerra.
Pero admitirlo sería tanto como decir que el gobierno español se equivocó con la intervención.
Por ello se ha de organizar una terrible teoría de la conspiración que seguro que proporcionará muchas horas de diversión y carcajadas a los historiadores del futuro.
Ahora resulta, también, que hay cancillerías y quién sabe si logias masónicas, que han organizado un gran complot para destruir España.
Las razones? Bueno, eso al gusto del consumidor: envidia, venganza, ánimo de lucro, etcétera.
Detrás de esta actitud está el orgullo, el muy castellano sostenella y no enmendalla.
El penúltimo caso (penúltimo, porque habrá más) es negar que la promesa de inyectar 100.000 millones al Estado para que los preste a los bancos que están en las últimas sea un rescate.
Es igual que todo aquel que tenga algo que decir en este asunto afirme que es un rescate. No: la consigna oficial es que se trata de una ayuda.
Pues ave. Para ellos el pollo.

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