domingo, 17 de junio de 2012

Otras caras del fútbol

Otras caras del fútbol
El país va mal: paro masivo, empresas y comercios que desarrollan, hachazos al estado del bienestar, bancos y cajas en quiebra, familias estranguladas por el endeudamiento, la pobreza que crece a ojos vistas ...
Pero el fútbol profesional va bien: los estadios llenos a rebosar, un gran espectáculo cuando hay buen juego, un factor de integración en determinadas circunstancias, una sublimación simbólica de patriotismos locales y nacionales, un consuelo emocional en momentos de crisis individual o colectiva, un tema de conversación que crea empatías ...
La lista de caras agradables del fútbol se puede alargar tanto como quiera.
El alargan incesantemente los medios de comunicación escritos, radiofónicos y televisivos.
No en vano, el fútbol tiene la insólita calificación de "cuestión de interés general", según una disposición promovida por el gobierno de José María Aznar.
En el fútbol, sus imágenes y sonidos se les otorga, además de las retransmisiones en directo-fin de semana sin partido en las pantallas-la categoría de noticia de portada y de privilegiada información continua, esté el país a punto de estallar, tiemble la tierra, caliente el clima, sacudan el mundo revoluciones y cambios sociales profundamente conmutadores.
Todo un fenómeno social y también económico, cultural y político, que tiene más caras que las que normalmente nos muestran, algunas ahogadas por la pasión de los entusiastas, otros ocultas por cortinas de humo y por intereses oscuros, sino brutos.
Un análisis riguroso del universo del fútbol requeriría un trabajo multidisciplinario. Es posible, sin embargo, apuntar algunas de las otras caras.
El fútbol apasiona, pero allana cerebros y embota sensibilidades y exigencias.
Es frecuente el juego tedioso, de movimientos y gesticulaciones monótonos, empalagosos. A modo de muestra, el ritual del autor de un gol de quitarse la camiseta y volar-como una bandera mientras corre por las bandas de cara al público.
Jugadores y entrenadores cuando hablan para el público dicen siempre lo mismo, de contenido y vocabulario escaso, no importa de qué club sean ni de qué competición se trate, son intercambiables en el tiempo.
La sociedad futbolística, jugadores y clubes, está tan dividida como la sociedad real.
Los jugadores de tercera división casi no cobran nada, los de segunda reciben algún pellizco, que para los mejores puede llegar a ser bueno, y los de primera división se forran, sobre todo las grandes figuras.
Messi se embolsa en 2011, aunque comprendido, unos 33 millones de euros, al nivel de los cabecillas de la gran banca y, incluso, más arriba aún.
Y nadie lo critica. Claro que algunos banqueros nos han estafado y han arruinado el país, mientras que los jugadores nos entretienen y se ignora el enriquecimiento obsceno.
Y también como la sociedad real el fútbol tiene deudas. Más de 750 millones de euros a Hacienda, más de diez millones a la Seguridad Social.
El Estado les concede una regularización cómoda, a plazos.
Un trato de favor que querrían muchas empresas en dificultades económicas.
Ahora tenemos más fútbol que nunca. Más que bajo la dictadura.
Entonces los intelectuales denunciaban la utilización alienadora del fútbol.
Hoy, en plena crisis, hay intelectuales que invierten la crítica del pasado y elogian el efecto balsámico y compensador del fútbol en general y de la Eurocopa en particular.
No hay dinero para camas hospitalarias y puestos escolares, pero la participación de la selección española en la Eurocopa, la fiesta que lo rodea, las retransmisiones, los enviados especiales y el resto costará una millonada.
Y, encima, tendremos que aguantar la explotación patriotera de los éxitos o el duelo de los fracasos de la selección.
Servirá, eso sí, para distraer del rescate financiero de España, Cataluña incluida, y de la gestión catastrófica del gobierno del Estado.

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