sábado, 26 de mayo de 2012

esa esperanza

esa esperanza
Lo siento, Espe, que por esta tu terquedad anoche te perdieras el partido.
Te imagino sola, más sola que la una, en tu casa, sentada en el sofá, mordiendo las uñas, mirando por TVE-la tuya-el Athletic-Barça.
Todo ello porque preferiste sentir sin ruido, y supongo que a todo volumen, los veintidós siete segundos que ayer vi que duraba el himno español.
La verdad, Espe, yo me lo imaginaba más largo.
¿ Cómo puede ser que en una final como la de ayer, y tras todo el revuelo que montaste, el himno-que ya es bastante triste que no tenga ni letra-sonara sólo durante veinte y siete segundos? Triste.
Por un silbido tan corta te tuviste que quedar sola en casa mordiéndose las uñas.
Tenías asiento en primera fila y te quedaste en casa. Y eso es feo.
No sólo porque te perdiste un partidazo del Barça, sino porque dejaste solo, plantado y alto como un San Pablo, en medio de tanto separatista, el heredero de la Corona.
Y eso no te lo perdonará nunca.
Quizás ni seguiste la final y mirabas Telemadrid, que anoche emitía Análisis final, una película que cuenta la historia de una mujer sola, frágil, nerviosa e inestable, que es perseguida por su psiquiatra.
Lástima, Espe.
En el campo te echaron de menos.
La gente coreaba tu nombre, el de un tal Urdanganosequè, y cantaban no sé qué de un tal Elefante.
Lástima. Porque fue algo espectacular, casi tan espectacular como el agujero ese que tú y tus nos has dejado a Bankia y que ayer mismo supimos que nos costará 23.465 millones.
Pero vaya, no creo fuera por eso, por miedo a que te cayera la cara de vergüenza, que anoche no estabas en el campo.
No estabas, claro, para defender la unidad de España. Agallas.

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